En primer lugar los comunicadores sociales debemos ser capaces de responder por nuestra labor de constructores de sentidos, convertirnos de este modo en “sujetos morales” que inevitablemente implica involucrarnos socialmente, ser partícipes de la construcción de una cultura solidaria. No podemos dar la espalda a la realidad del Otro con la excusa de que no nos compete, que no es nuestro problema.
“Somos difusores de ideas, de las nuestras y de las ajenas, de las que compartimos y a veces de las que no compartimos”[i], somos responsables de las atmosferas que creamos. Vale reflexionar que cuando la rentabilidad económica se convierte en el único referente de la vida social, se abren puertas al más desmedido individualismo que tarde o temprano constituyen un obstáculo en la armonía y convivencia social. En la cultura contemporánea existe el riesgo de que las esperanzas de la gente, al ser manipuladas por grandes medios de comunicación, se vuelvan tan solo en apetito de consumo, pierden su libertad.
“Somos obreros y guardianes de la palabra, de la hablada y de la escrita”[ii]. Bien citaba Voltaire, un reconocido filósofo de la Ilustración, “no comparto lo que dices pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. En este sentido creemos en la libertad de expresión y personalmente, en la valoración de la cultura lingüística y de la escritura que parece desaparecer con el incontrolable avance tecnológico.
“Somos educadores en cada una de las relaciones y situaciones en la que estamos, dentro y fuera de las aulas”[iii]. Es frecuente encontrar en diarios, radios y televisión aluviones de noticias sobre la vida privada de algún personaje de la farándula, por ejemplo, y por consiguiente observar a miles personas opinar y preocuparse, dejando de lado otras inquietudes como la ausencia del trabajo digno, la salud desatendida, la contaminación que amenaza al mundo, etc.
En este sentido, la constante desinformación parece mantener a la sociedad distraída por el gran negocio de compañías administradoras de la libertad de pensar y generadoras de agendas. No obstante, aun existimos comunicadores, que quizás no cambiemos esta realidad, pero podamos aportar siendo la voz de quienes no tienen voz y facilitadores de aquellas voces acalladas en el tiempo.
Un gran trabajo y responsabilidad guardamos los comunicadores en nuestras mochilas intentando cumplir nuestra noble función que requiere una mirada amplia e integradora del mundo y un compromiso irrenunciable con la sociedad en la que vivimos.
Alejandrina Zotelo
Alejandrina, es disfrutable tu escritura y más aún esa cita de Voltaire.
ResponderEliminarSé que es complicado creer que un comunicador puede cambiar la realidad, ese es el sueño de muchos colegas (aunque hayan otros que pretenden conservar el status quo), sin embargo, podemos comenzar por intentar modificar nuestra realidad más inmediata y así podremos contribuir con pequeños granos de arena a construir un mundo mejor.
En eso estamos.