“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión”, este derecho se encuentra garantizado en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. No obstante hoy nos preguntamos, como jóvenes y estudiantes, si realmente es respetado y respaldado el privilegio de buscar, recibir y difundir información.
Históricamente los gobiernos han utilizado la “seguridad nacional” como excusa para acallar la oposición política y las críticas. En Argentina podemos remontarnos al pasado, al cruento golpe de Estado del `76 en el que el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional silenció a miles de argentinos que defendían sus convicciones.
Actualmente, aún en democracia, la libertad de expresión continúa siendo coartada. Comunicadores y periodistas deben informar según la línea editorial del medio en la que trabajan y quienes se informan a través de la radio, la grafica o la tv se encuentran a la merced de sus noticias y de la forma en que los mismos las presentan.
Hoy este derecho en ocasiones parece ser tan solo una utopía. Es común que seamos considerados incapaces de opinar, de conocer sobre política, sociedad y el mundo. Aparentemente nuestra “inexperiencia” nos prohíbe adquirir ideologías fundamentadas. En el sistema educativo algunos docentes o directivos mantienen lineamientos de la llamada “Escuela Vieja”, una antigua teoría en la que la figura del educador era la única autoridad y su palabra siempre verdadera e incuestionable. Los estudiantes tenemos el derecho de poder objetar, buscar, imaginar y crear en nuestro proceso de formación.
Existen casos además, en el que el círculo familiar obliga a reprimir pensamientos; el miedo se impone a la hora de elegir y decir en una sociedad en la que muchas veces los homosexuales son enfermos, las tribus urbanas anormales y los artistas hippies drogadictos.
Quizás somos la tan nombrada “juventud que está perdida”, pero no figura como calificativo excluyente en la Declaración que respalda el derecho de la libertad de expresión. Por esto afirmamos desde la más profunda convicción que consideramos que el debate abierto y el respeto por los derechos humanos deben ser el único marco en el que la seguridad y el desarrollo puedan sostenerse.
Claramente diferenciamos la libertad del libertinaje, más aún adherimos a la protección de quienes hablan y expresan sus ideas abierta y libremente en todo el mundo, de quienes defienden los derecho de los sectores más desprotegidos. Reclamamos el respaldo del trabajo de los periodistas que sacan a la luz violaciones de derechos humanos; de los trabajadores comunitarios que imparten educación en materia de igualdad, de los sindicalistas que defienden los derechos de los trabajadores, de las mujeres que trabajan por la promoción de los derechos sexuales y reproductivos y de los ecologistas que ponen de manifiesto el impacto que los proyectos de desarrollo tienen en los derechos agrarios de los Pueblos Originarios.
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