miércoles, 21 de septiembre de 2011

Me quiere, no me quiere, me quiero, no me quiero…

La adolescencia es una etapa donde la constante necesidad de aceptación por los diversos grupos sociales forma parte de uno de los principales intereses de los jóvenes. La difusión de estereotipos y la excesiva demanda de consumo que exige el sistema representan, en ocasiones,  dos factores significativos en las relaciones con los demás. En este sentido la autoestima resulta de suma importancia ya que determinará la valoración que cada uno tiene por sí mismo en dichos vínculos.

Durante este periodo los adolescentes necesitan pertenecer, por decirlo de algún modo, a un circulo. En tanto se vuelve imprescindible para muchos de ellos, agradarle a las demás personas, sin advertir si es valorada o no su verdadera personalidad. Ocasionalmente cuando no logran este objetivo se sienten frustrados y en efecto disminuye su autoestima.

En este marco, la alta difusión de estereotipos que presentan los medios de comunicación masiva, han influido en los tratos entre los jóvenes. Así es común escuchar llamarse o señalarse como “el gordo”, “el villero”, “la rubia boba”, “el negro”, “el boliviano”, etc. Al parecer la estigmatización propuesta por los media se ve reflejada en sus conductas y por consecuente, siempre afecta a la valoración personal de quienes son, en cierta medida, agredidos por estos calificativos.

Por otra parte la desmedida ansiedad de poseer lo que el sistema “impone” a través de un sin fin de publicidades que en sus discursos manifiestan lo felices y glamorosos que seríamos si tuviéramos tal o cual cosa, provocan la necesidad en los jóvenes de adquirir el ultimo celular por ejemplo, para sentirse satisfechos con ellos mismo. A veces la imposibilidad de acceder a estos bienes materiales los aflige y les crea un pensamiento de inferioridad frente a quienes tienen un “buen pasar económico”.

Dicho esto es fundamental advertir la importancia que conlleva la estimación propia de los adolescentes considerando que poseer una autoestima elevada a lo largo de este ciclo podría determinar gran cantidad de aspectos con respecto al futuro, como plantearse metas y proyectar para su vida adulta.

En contraposición y lo más preocupante se traduce en que los jóvenes con baja autoestima, generalmente, se sienten con miedo a mostrarse y construyen su identidad no en base a lo que son, sino en relación a  lo que los demás esperan que sean. De esta forma muchas veces no triunfan en el terreno de lo personal teniendo en cuenta que ciertamente se reprimen y se sienten mal a pesar de parecer que lo tienen todo.

El desafío está, entonces, en lograr llamar a la reflexión sobre los verdaderos pilares importantes en la conformación de su propia identidad así como promover políticas de igualdad y desmembrar las grandes imágenes “estándar”  fomentadas por el sistema.

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